martes, 24 de noviembre de 2009

Volver...

Todo empezó con una mosca. Mientras esperaba a que el avión se empezara a mover la vi revoloteando al rededor mío. Al principio no le di importancia, se habrá colado con algún pasajero... pero luego me puse a pensar. La mosca estaba en Barcelona y sin darse cuenta, al cabo de dos horas, estaría en París. Sin saber como lo ha hecho viajaría de un país a otro. Ella sólo se metió en una puerta y eso le costaría encontrarse en otro lugar. Pero, ¿quién me dice a mí que esta mosca no venía de otro avión, de otra ciudad o de otro país? Lo mismo lo único que estaba haciendo era volver a su casa y lo de Barcelona sólo había sido un accidente.


El avión arrancó. Fue todo bastante rápido. En pocos minutos ya estábamos haciendo la carrera para emprender el vuelo. Me olvidé de la mosca por unos instantes y me dispuse a disfrutar de las cosquillas de la subida y de las vistas de la ventana. Cuando se apagó la luz del cinturón, la volví a ver.


Pequeña... ¿vuelves a casa? Y la misma pregunta me hice yo. La mosca no me contestó pero la entiendo, yo tampoco tenía ni idea. Ahora parece que vivo en el mundo al revés. Voy a casa de visita y “vuelvo” a la que hace dos meses, era una simple ciudad vacacional. Llamo “mi casa” a una habitación con la nevera a los pies de la cama. Tengo una rutina con banda sonora en francés. Cuando voy de visita a mi casa me preguntan como me va por París. Cuando vuelvo a mi otra casa, me preguntan como me ha ido por Barcelona. Y yo, en este punto, ya me he perdido.


Me recuerdo a las niñas pequeñas que se pierden por la calle y viene un señor policía y le pregunta: bonita, ¿dónde vives? Y la niña aún no se ha aprendido el nombre de la calle y no sabe qué contestar al policía. Pues yo tampoco.


El avión aterriza. Tren más tren y vuelvo a ver mi calle. O la calle de la residencia, yo ya no sé... Entonces miro a mi alrededor. La calle de siempre, las casas de siempre, la lluvia de siempre. Y respiro porque he vuelto. Hace tres días volvía a mi casa y ahora vuelvo de mi casa...


Todo depende a lo que llamemos casa... Y ya en mi habitación, con la calefacción puesta y cenando, me doy cuenta de que da igual. Aquí estoy bien, es mi casa. Allí también estoy bien, también es mi casa. Nos empeñamos en delimitar los territorios con fronteras absurdas y esto es lo que hace que yo me coma la cabeza en el avión. Cuando el señor policía me pregunte dónde vivo, no tendré ninguna duda: ¡en el mundo!

1 comentario:

  1. Natalia adoro este escrito.Soy Annota. te lo juro, me siento muy identificada con lo que has puesto. Es genial! supongo que yoe stoy igual que tu...
    voy a ir de vacaciones a lliçà? quien coño s eva de vacaciones a lliçà? parece de locos...pero es asi!

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