Esta es una conversación banal y cotidiana que frecuentemente se da en un trayecto en transporte público. En este caso, es entre un chico japonés con el mismo nivel de francés que yo, es decir, elemental-básico-raspadillo (para preservar su intimidad, le llamaremos “japo”) y yo (que soy la que escribe y no tengo intimidad).
NATALIA: ¡Hola!
JAPO: ¡Ei hola Natalia! ¿A dónde vas?
NATALIA: A casa ya, vengo de clase. ¿Y tú?
JAPO: Yo vengo de hacerme un pasaporte.
NATALIA: ¡Ah! ¿Necesitas uno para viajar? Yo creía que con el dni era bastante.
JAPO: Sí, yo viajo con el dni, pero en Japón cuando acabas las cotizaciones (es probable que no me haya dicha esa palabra, pero yo escribo lo he entendido) te tienes que hacer uno.
NATALIA: Ah... (con cara de: pues eso debe de ser típico de Japón...) ¿Y a dónde vas ahora? (retomando la pregunta que antes no me ha contestado)
JAPO: A la residencia, ¿y tú?
NATALIA: (¿otra vez?) Sí, yo también.
JAPO: Oye, ¿tu sabes dónde puedo (...) una foto?
NATALIA: En los fotomatones del metro te puedes hacer... pero no salen muy bien. (Pensando que me está preguntando que cómo se puede hacer una foto... por el rollo del pasaporte, no sé, lo he asociado así...)
JAPO: Sí, sí... (Me responde siempre eso cuando no me entiende)
NATALIA: Pero tu pasaporte ya lleva la foto.
JAPO: Sí. Es que necesito (...) una foto.
NATALIA: ¿El qué?
JAPO: A ver... tú con la máquina sacas una foto, pero se queda dentro de la máquina. Yo la quiero en el papel.
NATALIA: ¿Imprimir?
JAPO: ¡Eso! No sabía como se decía.
NATALIA: Jajaja La puedes imprimir en frente de la facultad, dónde hacen fotocopias, lo que no se si te lo harán en papel fotográfico.
JAPO: Ah... gracias
NATALIA: Oye, el miércoles no voy a la clase de francés, porque vienen unas amigas de Barcelona y sólo se quedan ese día.
JAPO: ¡Ah! ¿Te vienen a ver desde Italia?
NATALIA: No, no, yo no soy italiana, soy de Barcelona.
JAPO: Ah... pues hay mucha gente de Barcelona en la residencia, les puedes pedir consejo sobre la ciudad. (Pensando que me voy de vacaciones a Barcelona con unas amigas)
NATALIA: ¿Consejo para qué? ( yo no entiendo nada)
JAPO: Para conocerla...
NATALIA: Sí, sí... (Yo también utilizo el método oui, oui... cuando no entiendo algo) ¿Y tú de qué parte de Japón eres? (por favor... cambiemos de tema)
JAPO: De (nombre japonés muy raro que no he entendido)
NATALIA: ¿Y está cerca de Osaka?
JAPO: No, es que en Japón todo está lejos porque tiene forma alargada. Pasa como en Italia. ¿Tú de que ciudad italiana eres?
NATALIA: (y dale...) Yo no soy de Italia, soy de Barcelona...
JAPO: ¡Ah! Ahora lo entiendo... ¡entonces no te hace falta pedir consejo para conocer la ciudad!
NATALIA: (bien)
JAPO: Es que los españoles y los italianos hacéis la gggg igual.
NATALIA: ¿La erre? (Haciendo énfasis en la rr)
JAPO: Sí, la gggg. Hablais parecido.
NATALIA: Bueno la fonética igual se parece (no tengo ni idea de italiano) pero el acento es distinto.
JAPO: ¿Ah si?
NATALIA: Sí, ellos cantan. (queriendo decir que ponen una entonación distinta)
JAPO: (Flipando cuándo ha escuchado algo de cantar) Sí, sí...
Llega la parada de la residencia...
JAPO: No, me bajo en (entre el ruido del pitido y demás, no se qué parada me ha dicho)
NATALIA: ¡Ah! (está claro que pasa de seguir con la conversación de besugos) ¡Pues ya nos veremos!
JAPO: ¡Qué pases buena tarde! (Seguido de su habitual reverencia cuando se despide de la gente)
NATALIA: ¿Bajas? (Pregunta tonta si se supone que me ha dicho antes que iba a la residencia)
¡Viva la comunicación!